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Cuerpo, Filosofía, Práctica

La insatisfacción tranquila

Hay una incomodidad que no es un fallo, sino una invitación a permanecer con más atención en la experiencia que ya está aquí.

Hay una incomodidad que no es un fallo, ni un «estar rota».

Es una especie de insatisfacción serena, una sensación de que la vida podría vivirse con más verdad de la que cabe en la agenda y en los papeles que nos repartieron.

A veces aparece en silencio, justo cuando todo parece ir bien. Se asoma en la esterilla, en una postura que técnicamente sale, pero que por dentro sigue dejando un hueco. No pide más ruido ni más cosas. Pide más contacto con lo que ya está ocurriendo.

La práctica de Iyengar ofrece un lugar muy concreto para mirar de frente esa sensación: el cuerpo.

En cada āsana aparecen hábitos, resistencias, prisas y formas de escapar de lo que sucede. No hace falta entenderlo todo. Basta con permanecer un poco más, afinar la atención y observar qué ocurre cuando la mente quiere irse a otra parte.

Esa insatisfacción no se resuelve acumulando experiencias, sino permaneciendo en la experiencia que ya está aquí. Sentir el peso de los pies, el alargamiento de la columna, el ritmo de la respiración. Dejar que, por un instante, cuerpo y mente coincidan en el mismo lugar y en el mismo tiempo.

A veces, en ese punto mínimo de coincidencia, algo cambia sin hacer ruido. No es euforia ni una revelación extraordinaria. Es una forma muy sencilla de descanso. La sensación de que, por un momento, ya no hace falta ir a ninguna otra parte.

— Yoguini

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